Si el que enajenó hubiera procedido de buena fe, estará obligado a entregar al que sufrió la evicción:
I. El precio íntegro que recibió por la cosa;
II. Los gastos causados por el contrato, si fueren satisfechos por el adquirente;
III. Los causados en el pleito de evicción y en el de saneamiento; y IV. El valor de las mejoras útiles y necesarias, siempre que en la sentencia no se determine que el vendedor satisfaga su importe.