Buscar y guardar expedientes es gratis y no necesita cuenta. Los avisos por correo sí.

Cómo trabajamos · septiembre 2026

Cuando un número esconde varios pleitos

Un usuario nos escribió para decirnos que le faltaban avisos. Al tirar del hilo encontramos algo que no sabíamos del boletín, y que cambió cómo vigilamos. Esto es lo que medimos, lo que hicimos mal y lo que hicimos después.

Empezó con una queja

Un abogado que sigue varios asuntos con nosotros nos dijo que echaba en falta movimientos. No que llegaran tarde: que no llegaban. Revisar una queja así es incómodo, porque hay dos respuestas posibles y una de ellas es que llevas meses fallándole a alguien sin saberlo.

Era la segunda. Y el motivo no era un fallo puntual: era una idea equivocada, metida en el producto desde el principio, sobre qué identifica un expediente.

Un número no es una casa: es un portal

El número de expediente no identifica un pleito. Identifica una entrada en el libro de gobierno de un juzgado — como el número de la calle identifica un portal, no una vivienda.

742/2018principalcuadernilloamparoexhortootro vecinoel mismo asunto, en tres puertas¿de quién es?
Un número, un portal, varias puertas — y una de otro vecino. Cuando llega el correo, lo que lleva tu nombre entra por tu puerta. Lo que no sabemos de quién es no se mete por ninguna: se llama y se pregunta.

El cartero que deja todo el correo del portal en tu buzón te entrega también el del vecino. Eso es exactamente lo que hace un sistema que entrega por número. Y el que solo mira tu puerta se pierde lo que llega a tu trastero.

Lo que encontramos al medirlo

No lo dedujimos. Contamos, uno por uno, los expedientes que vigilamos.

este tiene doscinco tienen uno soloel reparto exactouno · 84,6 %dos · 13,8 %tres o más · 1,6 %
Uno de cada seis números tiene más de un cuaderno. No es un caso de manual: es la sexta parte. Hay uno con seis a la vez.
tu suscripción cubre esta línea, y solo estaexpediente principallo pones a vigilarel cuadernillonace 3 años y medio después, de media
Nueve de cada diez cuadernos secundarios nacen después del principal, con una media de tres años y medio — y alguno con más de dieciocho. Cuando el juzgado abre la nueva línea, tú llevas años mirando la vieja.

Y no son piezas muertas: los cuadernos secundarios siguen publicando acuerdos. Menos que el principal, pero publican. Un asunto que parece tranquilo puede estar moviéndose en la puerta de al lado.

Y cada juzgado lo escribe a su manera

Contamos treinta y cuatro formas distintas de escribir unos doce conceptos. No son treinta y cuatro cosas: son doce, escritas de muchas maneras.

Numerado7 formasBIS · TER · I · II · III · IV · BIVCuadernillo5 formasCC · C.C · CC. · CC3 · CUADERNILLO DE CONSTANCIAAmparo3 formasCA · C.A · AMPExhorto2 formasEXH · EXHORTOPrincipal2 formas. · PRINCIPALJurisdicción voluntaria2 formasJV · J.V
Un cuadernillo de constancia aparece de cinco maneras según el juzgado. Y la atribución de un acuerdo se decidía comparando texto exacto.

Hay algo aquí que conviene decir bien, porque no es un descuido: cada juzgado tiene su forma de escribir. Hay una materia que un juzgado escribe con una letra de más en todos sus acuerdos, durante años, sin una sola excepción. Eso no es la errata de una persona: es su catálogo interno, y se hereda. Un error se corrige; una forma de escribir se traduce. Nosotros traducimos.

Alguien llevaba meses vigilando una carpeta vacía

Dos de esas formas —un punto y la palabra «principal»— son el mismo cuaderno con dos nombres, y llegaban por caminos distintos. Un expediente consultado por los dos caminos acababa partido en dos fichas.

Una persona vigilaba la ficha vacía. Todos los movimientos estaban en la gemela, que no vigilaba nadie.

Para ella el sistema no parecía roto. Su pantalla decía que su expediente se revisaba cada día, y era verdad: lo que se revisaba era una carpeta sin nada dentro. Ese es el peor fallo que puede tener un servicio de vigilancia — el que se ve exactamente igual que el funcionamiento correcto.

Lo arreglamos a mano el mismo día, y después arreglamos la causa: ahora, antes de crear una ficha nueva, comprobamos si ya conocemos ese cuaderno con otro nombre. Si lo conocemos, se usa el que ya estaba.

Por qué no lo decidimos por ti

La salida fácil era automática: si el cuaderno parece tuyo, te lo entregamos. Antes de hacerlo revisamos uno por uno los casos que teníamos delante, comparando las partes de cada cuaderno con las del expediente vigilado.

Poco más de un tercio eran del mismo asunto. El resto, de un tercero. Y unos pocos no se podían determinar ni mirándolos a mano.

Entregar automáticamente con esa proporción significa enseñarle a dos de cada tres personas el pleito de un extraño.

Por eso la máquina estima un grado y la persona aporta la certeza. Preguntar es barato y se puede deshacer. Atribuir mal, no.

Cómo funciona, y qué cambia si la usas

En Mis expedientes → Cuadernillos aparecen los cuadernos que comparten número con algo que ya vigilas y que todavía no sigues. Cada uno viene con lo que sabemos y por qué lo decimos:

  1. 1. Te decimos cuánto se parece al tuyo — «casi seguro que es tuyo», «probablemente tuyo», «no se puede saber» o «probablemente de otro asunto»— y debajo, las razones concretas: si las partes coinciden, si es la misma materia, si es una clase de cuaderno que nace dentro de un asunto, si se abrió mientras el tuyo estaba vivo.
  2. 2. Decides tú. «Sí es mío» lo pone a vigilar como cualquier otro expediente: revisión diaria y avisos por sus acuerdos. «No es mío» lo aparta.
  3. 3. Lo apartado vuelve si se mueve. No repetimos la pregunta; la volvemos a hacer cuando entra un acuerdo nuevo, porque entonces ya no es la misma pregunta.

Qué gana tu vigilancia

Un expediente vigilado te cubre una línea. Si el asunto tiene dos —y uno de cada seis números las tiene— la mitad de lo que ocurre está fuera de tu radar, y no hay forma de notarlo: la ausencia de avisos se parece demasiado a la calma.

Confirmar un cuaderno no mejora la vigilancia que ya tenías: añade la que te faltaba. Y como los cuadernos secundarios nacen años más tarde, casi siempre es vigilancia sobre lo que está pasando ahora, no sobre historia vieja.

Solo te enseñamos lo que ya podías ver

Cuando las partes del cuaderno coinciden con las de tu expediente, te las mostramos: no te enseñamos nada que no tuvieras ya en tu pantalla. Cuando no coinciden, son de un tercero y no se muestran. Te preguntamos igual, apoyándonos solo en el tipo de cuaderno y en las fechas.

Es una regla incómoda —a veces preguntamos con menos información de la que nos gustaría— y es deliberada. Volviendo al portal: compartir número no te da derecho a leer la correspondencia del vecino. Sin esa regla, preguntar se convertiría en una forma de enseñar por la puerta de atrás los datos de cualquiera: bastaría con vigilar un número al azar.

Tres cosas que hicimos mal

Las tres aparecieron mirando los casos reales. Con ejemplos inventados, todas nuestras comprobaciones pasaban.

Una letra de menos, y el cuaderno al fondo

A un apellido se le comió la primera letra al capturarlo. El resto del nombre coincidía, pero comparando palabras completas quedaba una sola en común — insuficiente. Ese cuaderno se iba al final de la lista como si fuera de otro, y era del mismo señor. Ahora admitimos una letra de diferencia, y solo en palabras largas: con palabras cortas, Rosa y Rose serían la misma persona.

Un campo que traía otra cosa dentro

Encontramos un expediente cuyo actor dice, literalmente, CUADERNILLO. No es una parte con un nombre raro: en la casilla del actor se escribió el documento. Compararlo como si fuera una persona nos hacía concluir «las partes son distintas» —una afirmación en firme— cuando la verdad es que no sabemos quiénes son. Son dos cosas muy distintas, y confundirlas esconde un cuaderno que quizá sí es tuyo.

En una sucesión, un apellido es el parentesco

Los cuadernos de una sucesión los abren los herederos: comparten apellido con el difunto y poco más. Nuestra regla general —hacen falta dos palabras en común— los mandaba al fondo, que es justo lo contrario de lo que ocurre. Ahora, en una sucesión, un apellido compartido abre la pregunta. Pero no la contesta: hay muchos Martínez, así que eso nunca llega a «casi seguro». Y contamos el apellido, no el nombre de pila — en español los apellidos van al final.

Llevamos la cuenta de nuestros errores

Cada vez que te preguntamos, guardamos lo que habíamos estimado junto a lo que tú respondiste. Así podemos medir cuántas veces acertamos y —sobre todo— cuántas veces mandamos al fondo de la lista algo que resultó ser tuyo.

Ese segundo error es el que importa, porque no se queja. Si te decimos «casi seguro que es tuyo» y no lo es, nos lo dices. Si escondemos algo que sí era tuyo, nunca te enteras de que estuvo ahí. Solo lo sabemos si lo reclamas a pesar de que lo dejamos abajo.

Guardamos las señales que usamos, no los nombres: esos ya están en el expediente, y una segunda copia sería un sitio más al que tendría que llegar una solicitud de supresión.

Lo que falta

Esto no está terminado, y decirlo forma parte del trato. Cuando el juzgado no publica las partes de un cuaderno, no podemos saber de quién es, y lo decimos así en vez de inventar una respuesta. Nuestra comparación de nombres aguanta el orden cambiado, los acentos y una letra de menos, pero no aguanta dos.

Y seguimos ampliando hacia atrás el archivo con el que contrastamos. Cuanta más historia tiene un asunto, más fácil es reconocer qué encaja en él y qué no: un expediente con quince años de acuerdos dice mucho más sobre quién litiga en él que uno con tres.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un cuadernillo de actuaciones?

Es un cuaderno que el juzgado abre dentro de un asunto para tramitar algo por separado —una constancia, un incidente, una medida— sin interrumpir el expediente principal. Se identifica con el mismo número y año, pero es otro cuaderno, y sus acuerdos se publican aparte.

¿Por qué aparecen varios asuntos con mi mismo número de expediente?

Porque el número no identifica un pleito, identifica una entrada en el libro de gobierno de ese juzgado. Bajo un mismo número y año pueden convivir el expediente principal, cuadernillos, incidentes, amparos y exhortos. Y los exhortos suelen ser de personas completamente distintas: el juzgado recibió una diligencia de otro juzgado y la registró con el siguiente número disponible.

¿Un exhorto con mi número tiene que ver conmigo?

Casi nunca. Un exhorto es el encargo que un juzgado hace a otro para practicar una diligencia fuera de su territorio. Comparte el número contigo por el orden de registro, no porque tenga relación con tu asunto.

¿Los cuadernillos salen en el boletín?

Sí, con sus propios acuerdos. Por eso se puede perder de vista un cuadernillo mientras se vigila el principal: son publicaciones distintas aunque compartan el número.

¿Cómo sé si un cuadernillo es de mi asunto o de otro?

Lo más fiable son las partes. Si aparecen los mismos nombres que en tu expediente, es tu asunto; si son otros, es de un tercero. El problema es que el boletín no siempre publica las partes de los cuadernillos, y cuando las publica pueden venir con erratas, en otro orden o incompletas.

¿Vigilar un cuadernillo cuesta aparte?

Ocupa una plaza de tu cuota, igual que cualquier expediente, porque se revisa a diario igual que cualquier expediente. Te lo decimos antes de que confirmes, no después.

Si ya tienes cuenta, los cuadernos que comparten número con los tuyos te esperan en Mis expedientes → Cuadernillos.

Consultar el boletín no requiere cuenta. Busca tu expediente cuando quieras.